Mons. Percy Galván: «La Iglesia boliviana sangra de dolor»

Prensa CEB 07.05.23.- Este domingo, desde la Basílica Menor de San Francisco en la ciudad de La Paz, el monseñor Percy Galván, arzobispo de la Arquidiócesis de esta Iglesia local, manifestó que en los últimos días la Iglesia boliviana “sangra de dolor”, “no somos de piedra, nos duele”, dijo al referirse al caso del sacerdote Alfonso Pedrajas “donde hay que corregir, hay que corregir y donde hay que enderezar, hay que enderezar”, subrayó.

En su reflexión sobre el Evangelio de Juan (14, 1-12), en la que Jesús se manifiesta como el camino, la verdad, y la vida, explicó que estas palabras nos ayudan a comprender el verdadero significado de nuestra fe, alentando a que a pesar del dolor que sentimos podamos como Iglesia, desde la fe inyectemos una dosis de alegría, entusiasmo y respeto a todas las personas.

Jesús es el camino que conduce al Padre

El arzobispo dijo que “el camino”, se refiere a la senda que conduce al Padre, que seguimos con la ayuda del Espíritu Santo y que nos permite crecer en nuestra fe. “Nunca debemos olvidar que somos hombres y mujeres distintos, cada uno con su propia perspectiva, pero que tenemos los lentes que nos ha puesto Dios a través del sacramento del bautismo”, señaló agregando que “este camino se recorre principalmente a través de la oración personal y familia”, llegando a configurarnos con Cristo.

El arzobispo alentó a los fieles a tener momentos especiales de oración, y a participar en la oración litúrgica con la Eucaristía dominical. También recomendó pertenecer a grupos y espacios pastorales donde sea posible vivir intensamente la vida espiritual y eclesial bajo la protección de Dios.

La verdad para mejorar y fortalecer nuestras relaciones humanas

El monseñor Galván dijo que “la verdad tiene que estar presente en nuestras relaciones humanas” y habló de la verdad en la amistad sincera, transparente y fiel, que nos ayuda a vivir el amor a Dios y a la Iglesia, una amistad que “nos corrige, nos muestra el camino correcto, nos tiene paciencia, nos comprende y sabe perdonar”.

El arzobispo alentó a trabajar en nuestras relaciones, sin hipocresía, ni apariencias, sino con presencia, haciendo que “nuestros amigos, hermanos en la fe, hermanos en la Iglesia sientan que nosotros estamos con ellos, damos la cara por ellos, no es fácil, es muy difícil, sobre todo para las autoridades eclesiásticas, pero nosotros nos movemos fundamentalmente bajo el criterio del amor”, puntualizó.

Además, el arzobispo hizo hincapié en que debemos trabajar para inyectar una dosis del Espíritu Santo en nuestras relaciones laborales, familiares y sociales, tratando a nuestros hermanos con alegría y respeto “tratemos a nuestros hermanos con alegría, con respeto, puede que nuestro corazón sangre de pena, como está sangrando de pena todos estos últimos días en nuestra Iglesia boliviana, claro que sangra de dolor, no somos de piedra nos duele, pero no puede borrarse la sonrisa del Espíritu, tenemos que inyectar esa dosis del Espíritu Santo, de sueños, de  proyectos en nuestros hermanos, y donde hay que corregir, hay que corregir y donde hay que enderezar, hay que enderezar”, remarcó.

“Inyectemos esa dosis de alegría, entusiasmo y respeto a los niños, indefensos, a todas las personas, sobre todo a las personas postergadas, maltratadas y discriminadas”, reiteró el Mons. Percy.

Jesús es la vida eterna

La autoridad eclesial afirmó que Jesús es la vida, “no solamente una vida de bienestar material, sino una vida del bienestar integral que se manifiesta en la solidaridad y compasión”, remarcó a tiempo de ejemplificar nuestra experiencia y lo dificultoso que es “comer bien cuando hay hermanos que no tienen que comer, dormir bien abrigados cuando hay hermanos tapados con periódicos y con cartones en las calles”, ante esta realidad pidió a los fieles ser personas desprendidas para tener una vida humana digna de hijos de Dios y de hermanos en la fe.

Al concluir, el monseñor Galván dijo que “esta vida, es la vida eterna, la salvación, estamos con los pies en la tierra, pero la mirada y el corazón en el cielo”, también recordó que la vida es efímera y pasajera, por ello debemos aprovechar para que “la vida humana sea integralmente mejor vivida”.