El domingo 28 de enero, cuarto domingo del tiempo ordinario, se llevó a cabo la Santa Eucaristía desde la Catedral Metropolitana Nuestra Señora de La Paz. La celebración fue presidida por Mons. Percy Galván, Arzobispo de La Paz.

El arzobispo  se resaltó en su homilía  el tema de “la coherencia de vida”.

Mons. Galván, inicia la homilía haciendo  referencia a la persona de Jesús, que como dice el santo Evangelio: “Todos quedaban asombrados por su enseñanza”, porque enseñaba con autoridad y no como los Escribas y Fariseos. Y ¿en qué se fundamentaba esa autoridad?. Exactamente, en que Jesús vivía la coherencia.

Por ello, escuchamos decir a Jesús: “Felices los pobres porque de ellos es el Reino de Dios”, y él mismo no tenía lugar donde recostar la cabeza. “ámense los unos a los otros”, y él nos amó tanto, que ofreció su vida para salvarnos.

El arzobispo insto a toda la feligresía a ver la maravillosa enseñanza de la vida a través de la Santa Biblia y de Jesús.” Para nosotros que hemos venido y somos católicos practicantes, se presenta como doble desafío: la gente ya nos ha identificado y ve que vamos a la Iglesia y practicamos la fe, por ello a nosotros nos exigen mayor coherencia, seguro les han dicho de forma directa o indirecta: Vos rezas, vos que te has casado por lo religioso vives peor que los que no se ha casado”. Exhorto, Mons.

Al mismo tiempo, agregó  que en la Iglesia se reflejar  nuestra conducta, por ejemplo en la fraternidad: debemos tener relaciones fraternas de hermanos, que se manifiesta en primer lugar en el respeto y ayuda a todos. Pero si respondemos con ofensas a los que nos ofenden de nada sirve la oración, la Eucaristía y por tanto no hay coherencia.

“Ante los que hablan mal de nosotros no abandonemos el camino. Veamos con los lentes del Espíritu como cristianos  las cosas positivas del hermano, de la familia y debemos decírselas”.

Galván indicó el hecho de “No juzgar a nadie,  porque no nos compete, es tarea reservada a Dios Trinidad, en su momento ellos harán su juicio”. “A nosotros lo único que nos compete es tratar de vivir lo que el Señor nos pide, hacer presente su amor, allá donde estamos. Ponernos en el lugar del otro para comprenderlo”.

Al finalizar su  homilía, Mons. indicó: “Que el esfuerzo de vivir santamente no nos haga sentir superiores a los otros. Cuanto más santo, más humildes vamos a ser, mas pecadores y frágiles nos vamos a sentir. En las situaciones difíciles, el Señor nos dice: ¡levántate Percy,  Pedro, Juan, Rosmery!, así saboreamos la Paz y felicidad que viene de nuestro Dios, de nuestra vida coherente: de hacer lo que decimos y decir  lo que nosotros hacemos”.