«LA PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO» Según los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, son temas de Reflexión que serán dados los días 18,19 y 20 de marzo en salones de la Catedral Castrense Nuestra Señora de Lujan, por Mons. Pedro Fuentes Valencia Cp., obispo auxiliar de La Paz y Administrador apostólico del ordinarito Castrense.

Recordemos que Mons. Fuentes tiene impregnado la espiritualidad Pasionista, el mismo vive el kerigma que es la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Por tanto invitamos a toda la feligresía paceña a participar de cada una de las conferencias en días previos de celebrar la Semana Santa.

Así mismo Mons. Fuentes, invitó a todos los creyentes a participar de la celebración de la Semana Santa y los grandes misterios de la vida, pasión, muerte y la resurrección de nuestro señor Jesucristo, que comenzará con el Domingo Ramos. “Queridos hermanos, asistan a sus parroquias, a sus capillas y vivan con intensidad estos momentos privilegiados que tenemos en Semana Santa; que es un tiempo de oración, de cercanía al Señor en sus grandes misterios. Les pedimos también sus oraciones para todos los sacerdotes y los obispos que celebraremos en diferentes lugares de nuestra arquidiócesis, que todo lo hagamos con amor y con un sentido de fe profunda, que todos tengan una ¡bendecida Pascua!”. Indicó.

Estudios de algunos de los Evangelios:

“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”

(Mt. 27,50 – Mc. 15,37 – Lc. 23,46 – Jn. 19,30)

Cuando Jesús lo probó, dijo: “Todo está cumplido”. Y Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, dijo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. E, inclinando la cabeza, expiró.

Se repartieron sus vestidos

(Mt. 27,35 – Mc. 15,24 – Lc. 23,34b – Jn. 19,23-24)

Los soldados, después de crucificar a Jesús, se repartieron la ropa en cuatro partes, una para cada uno. Dejaron aparte la túnica, tejida de una pieza de arriba abajo sin costura alguna. Por eso se dijeron: “No debemos partirla; echémosla a suertes a ver a quién le toca”. Para que se cumpliera la Escritura: Se repartieron mis vestidos y echaron a suertes mi túnica. Es cabalmente lo que hicieron los soldados.

La Calavera

(Mt. 27,33-34 – Mc. 15,22-23 – Lc. 23,32 – Jn. 19,18b)

Lo llevaron a un lugar llamado Gólgota (que significa “la Calavera”). Llevaban también a dos criminales para ejecutarlos con él. Al llegar al lugar, dieron de beber a Jesús vino mezclado con hiel; pero él lo probó y no lo quiso beber.

“¡Crucifícalo!”

(Mt. 27, 22-26 – Mc. 15,12-15 – Lc. 23,20-25 – Jn. 19,4-16)

Pilato salió otra vez fuera y les dijo: “Ved que os lo saco para que sepáis que no encuentro en él culpa alguna”. Jesús salió fuera, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Pilato les dijo: “¡Aquí tenéis al hombre!”. Los sumos sacerdotes y sus criados, al verlo, gritaron: “¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!”. De nuevo Pilato les habló, pues quería dejar en libertad a Jesús. Pero ellos gritaron: “¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!”. Y Pilato, por tercera vez, les dijo: “¿Pero qué mal ha hecho? No he encontrado en él causa alguna de muerte; por tanto, lo dejaré en libertad después de haberlo castigado”. Pero ellos insistían a grandes voces pidiendo que fuera crucificado, y sus gritos cada vez eran más fuertes. Pilato les dijo: “Tomadlo vosotros y crucificadlo, pues yo no encuentro culpa en él”. Los judíos respondieron: “Nosotros tenemos una ley, y según esa ley debe morir, porque se hace hijo de Dios”. Pilato, al oír estas palabras, tuvo aún más miedo. Entró de nuevo en el palacio y preguntó a Jesús: “¿De dónde eres tú?”. Pero Jesús no le contestó. Pilato le dijo: “¿Por qué no me contestas? ¿No sabes que puedo darte la libertad o crucificarte?”. Jesús le respondió: “No tendrías ningún poder sobre mí si no te lo hubiera dado Dios; por eso, el que me ha entregado a ti es más culpable que tú”. Desde entonces Pilato buscaba la manera de dejarlo en libertad. Pero los judíos gritaban: “Si lo dejas en libertad, no eres amigo del césar; todo el que se hace rey va contra el césar”. Pilato, al oír estas palabras, sacó fuera a Jesús y se sentó en el tribunal, en el sitio que llamaban “enlosado”, en hebreo “Gábbata”. Era la víspera de la pascua, hacia el mediodía. Pilato dijo a los judíos: “Aquí tenéis a vuestro rey”. Ellos gritaron: “¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícalo!”. Dijo Pilato: “¿Voy a crucificar a vuestro rey?”. Los sumos sacerdotes respondieron: “No tenemos más rey que el césar”. Viendo Pilato que nada conseguía, sino que aumentaba el alboroto y, queriendo satisfacer a la gente, decidió que se hiciera como pedían; mandó que le trajeran agua y se lavó las manos ante el pueblo, diciendo: “Soy inocente de esta sangre. ¡Vosotros veréis!”. Y todo el pueblo respondió: “Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos”. Entonces les puso en libertad al que pedían, a Barrabás (el que había sido encarcelado por una revuelta y un homicidio), y les entregó a Jesús, después de azotarlo, para que lo crucificaran [y] para que hicieran con él lo que quisieran.